Más de veinte mil productos. Cada fábrica con su propio formato. Y la decisión de poner a la inteligencia artificial a hacer el trabajo que frenaba la venta.
Una operación logística repartida entre archivos y reportes. Un equipo siguiendo cada entrega a mano. Y la decisión de ordenarla sin sacar a nadie de donde ya trabaja.
Una plataforma ya construida. Un negocio que no para de crecer. Y una operación que tiene que escalar sin multiplicarse.
Una corporación que necesita innovar. Una startup que puede resolverlo. Y un circuito de compras rediseñado para que se encuentren.
Dos sistemas desconectados, un equipo llenando el vacío a mano, y la decisión de construir algo propio.
Años de proyectos y convocatorias acumuladas en sistemas fragmentados. Llega un punto en que crecer sin integrar primero ya no es una opción.
Una red de 22 distribuidores, cada uno con su propia operación. El desafío era escalarlos digitalmente sin que la solución se volviera más compleja que el problema.
Un coloso global. Un mundo en lockdown. Y una decisión para activar el pulso digital del negocio.